Sep
2007
Un llamado… en la playa
September 26th, 2007 a las 11:21 am por Lizzie en Bíblicas
Basado en Mateo 14 un relato en versión libre por Lizzie Sotola - 26 de septiembre de 2007
Era una mañana gris. Quizás porque era muy temprano y el sol no se había asomado. Como arrastrados por la corriente marina, unos hombres yacían en la arena. De pronto, uno de ellos abre un ojo. Es apenas una rendija que deja pasar un rayo de luz. Es tenue, pero él sigue adormecido. La luz le causa dolor. No quiere despertar. Está demasiado extenuado. Sin embargo ve aquella silueta. Parece una sombra, un fantasma. El reflejo y el sueño, no lo dejan ver con claridad. Se incorpora lentamente. Apoyándose en sus dos manos, arrastra su cuerpo en la arena para sentarse. Lleva sus manos a la cara y se refriega los ojos. La silueta sigue allí o la sombra, no lo sabe. Sólo lo ve. Lo estudia a medida que sus ojos pueden abrirse. Lo observa detenidamente… -¡Es Jesús!- exclama a gran voz. Hay un gran miedo. No entiende nada. Su corazón late como queriendo escapársele del pecho.
Los otros hombres despiertan, o simplemente intentan salir del letargo. También sienten miedo. Lo que ven no es natural. Uno de ellos, Pedro, se aventura y le pide al Maestro ir por donde él va. No lo piensa, reacciona. No mide las consecuencias, cree. Es llamado y acude. De pronto la silueta ya no era una sombra desconocida. Es Jesús caminando sobre las aguas. Hay tensión en el grupo. Pedro va a dar el primer paso. Está decidido. Es un hombre impulsivo. ¡Quiere hacerlo! Se decide y empieza a caminar. Mira hacia los costados. Luego hacia atrás. Pero cuando mira hacia abajo duda. Se hunde. Desesperado grita -¡Señor, me ahogo! ¡Sálvame! Sus amigos observan desde la costa. Con los ojos tan abiertos, como pueden tenerlos sin que se les escapen de los cuerpos. Juan se toma de la cabeza en un gesto de resignación, desesperación e impotencia. Tomás no da crédito, está convencido que sigue dormido. Judas observa la escena como distante. Calculando las distancias. Pedro, el pobre Pedro se hunde. Siente miedo y no hay nada firme de donde tomarse. Es sólo él, el mar y Jesús.
Jesús le tiende una mano. Pedro se aferra fuertemente. Da un salto. Como si hubiera caído sobre una rambla. Mira al Maestro encogiéndose de hombros, levantando las cejas y bajando el mentón. Jesús le pregunta: -Pedro, ¿por qué dudaste?… Pedro sigue consternado. Casi muere ahogado y Jesús le hace semejante pregunta. Sin embargo, Jesús lo abraza con fuerza y le susurra al oído: -¿Pensaste que te iba a dejar hundir? ¡Ni loco! Eres mi amigo.
En la costa y sobre la barca encallada, los hombres ya en pié y alborotados se miraban unos a otros. Al principio no daban crédito a sus ojos. Pero a medida que Pedro y el Maestro se acercaban a la orilla, se fueron convenciendo de algo que les quemaba en la piel. Que los hacía sentir conmovidos. Temblaban como niños, pero eran hombres afirmando convicciones. O al menos una convicción y la gritaron: -Maestro, ¡verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!
El desafío de Dios
Hay un llamado. Dios le pide a una persona común que se comprometa en un acto de extraordinaria confianza.
Siempre hay miedo. Dios tiene un hábito infinito de pedirles a las personas que hagan cosas que les inspiran miedo.
Pero siempre hay aliento. Dios promete su presencia. El Señor también promete dar los dones que sean necesarios para cumplir con su encargo.
Siempre hay una decisión que tomar. A veces las personas le dicen Sí, al llamado de Dios. Otras veces les dicen No. Siempre son las personas las que toman la decisión y tienen la última palabra al respecto.
Siempre hay una vida cambiada. Sea cual fuere la decisión -sí o no-, siempre hay un cambio en la vida, y cambia también el mundo que esta pequeña vida toca.
Hay un aspecto en nuestras vidas en el que Dios nos llama a caminar con y hacia él, y cuando decimos que sí a su llamado, ponemos en marcha una dinámica divina que va mucho más allá del poder meramente humano.
No olvidemos, sea cual sea nuestra decisión frente al llamado, siempre hay un cambio. Quizás muchas personas responderán con un sí al llamado de acudir a Jesucristo y nos gozaremos en la cosecha de almas. Pero quizás muchas otras responderán con un no, sin embargo sus vidas no serán las mismas. La sociedad no será la misma. Las congregaciones no serán las mismas. ¡Nosotros no seremos los mismos! Porque habremos aprendido a dejar nuestra zona de comodidad y habremos aprendido a confiar más en él.
El tío de Peter Parker, el hombre araña, le recuerda a su sobrino una frase célebre para los amantes del comic “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Nosotros tenemos una gran comisión y una gran responsabilidad que en términos del Reino es un enorme privilegio. No nos dejemos abatir por el fragor de la lucha. ¡Jesús nos extiende su mano a pesar de nuestras dudas!


Comentarios
Hermoso, Lizzie. Gracias por unas palabras tan conforantes. Me encanta esa frase del tío de Peter Parker, pero más me gusta estudiar la vida de Jesús y sus interacciones con los discípulos. Tenemos un llamado, ¡a cumplir! Hay miedo, ¡a confiar! Tú lo has dicho bellamente.
¡Gracias Keila! Fue parte de un devocional que compartí en un equipo de trabajo esta semana.
Bendiciones!!!
Me uno al agradecimiento de Keila.
Cuanta falta hace recordar que vamos acompañados a cada paso con un Poderoso Gigante.
¿Qué podremos temer?
Un abrazo.
Bendiciones.
pd.: La foto: maravillosa.
Gracias José!!! Ahí le vamos, creciendo en su amor y poder, y entendiendo que Jesús está con nosotros…!!!
Abraxo, Lizzie
Lizzie te felicito por tus palabras adornadas hermosamente por el amor a Dios que tienes, tambien comparto un llamado del Señor a pastorear una nueva iglesia en Puente Alto ora por mi por favor.
Cuenta con ello!
Bendiciones
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