Dice la Biblia que Jesús les dijo a los discípulos que no recibían porque pedían mal. Desde aquellos tiempos a hoy, pareciera como si no hubiéramos aprendido nada. La obstinada obsesión compulsiva de las personas de usar mal el vocabulario nos lleva a aseveraciones como esta: “No recibís porque pedís mal”… y también porque llamas por nombres erróneos a las personas. Digo, de pronto, me parece.porque_se_mueven_las_manos_al_hablar6.jpg

Que notable que en la Biblia Jesús no mencionó a sus discípulos y apóstoles con apelativos como “siervo del altísimo”, “emérito pastor”, simplemente los llamó por sus nombres: Juan, Tomás, Mateo, Simón, Jacobo, Felipe, etc. Cada uno tenía su nombre de pila, el que le dio su madre. Sólo a Simón le cambió el nombre por Pedro ¿te acordás? Pedro porque “sobre esta roca edificaré mi iglesia”. No fueron discípulo altísimo del Señor. Nada más lejos de la opulencia de los títulos. Uno era ladrón y entregador, otro era mentiroso, otro era recaudador de impuestos, otro no tenía fe suficiente, otro su madre bregaba para que tuviera un lugar de preeminencia. ¡Viejo eran unos tipos comunes y corrientes como todos!

Leyendo por ahí se me ocurrió agarrar el mata burros… La razón por la cual muchos se van de boca y evocan con apelativos errados es justamente por no agarrar el mata burros (dícese de un libro muy amplio que contiene todas las palabras del idioma en el que está escrito cuya misión es ayudar a dar significado a las palabras correctamente). Retomando… leí en el diccionario que la palabra “discípulo” significa “aprendiz” o “seguidor”. La palabra “apóstol” se refiere a “uno que es enviado”. No habla de jerarquías eclesiásticas.  Más bien dice que “siervo” significa que se es esclavo. ¡Qué contradicción para con los “Siervos del Señor”!… fueron liberados por el mismo Señor al que sirven y parece que no se dan cuenta. Ojo no digo que no haya que servir a Jesucristo, a Dios Padre y al Espíritu Santo. Digo que reveamos el lenguaje que usamos porque confundimos a las personas. Les enseñamos mal.

Dicen que ciertas personas son llamadas “siervo” en una comunidad religiosa, que por humildad se denominan así. Distan mucho de ser humildes algunos que ostentan el título. Un amigo, psicólogo cristiano, siempre dice que “humildad” no siempre es una pose pasiva e inadvertida, a veces eso es soberbia. La humildad tiene que ver con saber reconocerse no apto para una función. Saber reconocer que algo no lo sabe y  no se envanece en su propia opinión. La humildad no se muestra en la opulencia de un título, sino en la actitud de verdadero servicio al otro. Y el otro no se debe enseñorear de quien le da un servicio, según la Biblia, pero tampoco debe “tronificar” a quien no tiene que estar en un trono. Esta adulación es dañina, es perversa, es intolerable, es contraria a lo que Jesús predicó, vivió y dejó como legado a sus discípulos (seguidores) y a sus apóstoles (enviados).

En este error hay dos grandes equivocados, los que usan apelativos que no corresponden y los que permiten que se use ese apelativo consigo mismo.  Mientras vivamos con esta mentira entre nosotros, no seremos verdaderamente libres y hacemos a Jesús un fracasado. Jesús dio su vida por nosotros, fue el Siervo… a los siervos y sus séquitos ¿están dispuestos a ser Siervos muriendo por los demás?…

 

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